Recuerdo cuando inauguraron el Metro de Caracas. Fue en enero de 1983 y yo tenía 6 años y medio. El trayecto era únicamente Chacaito - Propatria y cada estación tenía una cierta "personalidad". Recuerdo todavía la intensa campaña publicitaria que logró de manera exitosa el cambio de actitud de los caraqueños.
Hoy, 31 años después, llevamos a mis pequeñas a hacer su primer viaje en metro. Puede parecer extraño para muchos pero el transporte subterráneo no es una alternativa para la zona donde vivimos y tampoco se ha hecho parte de nuestra rutina ya que contamos con carro particular.
En definitiva, en todos estos años las niñas no habían tenido la oportunidad de usar el metro y hoy realizamos un paseo que solventara esta situación.
No fue algo premeditado. Salimos con la intención de caminar por Sabana Grande desde Chacaito hasta Plaza Venezuela y se me ocurrió que podíamos regresar en metro. Lo decidimos mientras jugaban en uno de los tantos mini-parques que tiene ahora el boulevard. Separarlas de la diversión no fue difícil, sólo tuve que decir una vez: "Vamos niñas, que regresamos en metro". A lo que enseguida respondieron entre el asombro y la emoción: "¡¿Vamos a conocer el metro?!".
Así lo hicimos. Y al regreso le agregamos un paseo por las estaciones en sentido Propatria. El mismo recorrido que yo hice 31 años antes.
Ver su rostro iluminarse en el trecho de Caño Amarillo, ver cambiar su expresión por la inesperada irrupción de la luz después de tanto subterráneo, es algo que quedará grabado en mi memoria por siempre.
Mientras observaban las novedades en el paisaje Lucía comentó: "¡Wao! Desde aquí se ve toda Venezuela". A lo que Sophi respondió "No Luci. Aquí se ve es al pueblo".
Hoy, 31 años después, llevamos a mis pequeñas a hacer su primer viaje en metro. Puede parecer extraño para muchos pero el transporte subterráneo no es una alternativa para la zona donde vivimos y tampoco se ha hecho parte de nuestra rutina ya que contamos con carro particular.
En definitiva, en todos estos años las niñas no habían tenido la oportunidad de usar el metro y hoy realizamos un paseo que solventara esta situación.
No fue algo premeditado. Salimos con la intención de caminar por Sabana Grande desde Chacaito hasta Plaza Venezuela y se me ocurrió que podíamos regresar en metro. Lo decidimos mientras jugaban en uno de los tantos mini-parques que tiene ahora el boulevard. Separarlas de la diversión no fue difícil, sólo tuve que decir una vez: "Vamos niñas, que regresamos en metro". A lo que enseguida respondieron entre el asombro y la emoción: "¡¿Vamos a conocer el metro?!".
Así lo hicimos. Y al regreso le agregamos un paseo por las estaciones en sentido Propatria. El mismo recorrido que yo hice 31 años antes.
Ver su rostro iluminarse en el trecho de Caño Amarillo, ver cambiar su expresión por la inesperada irrupción de la luz después de tanto subterráneo, es algo que quedará grabado en mi memoria por siempre.
Mientras observaban las novedades en el paisaje Lucía comentó: "¡Wao! Desde aquí se ve toda Venezuela". A lo que Sophi respondió "No Luci. Aquí se ve es al pueblo".

