jueves, 15 de octubre de 2015

Preludio (Ella va a estar bien)

Esa noche tenía que ducharme. Un largo día húmedo me hacía sentir incomoda dentro de mi propia piel. Ya con el agua corriendo desde mi cabello ansiaba que se llevara no sólo el sudor del día sino la impotencia y la rabia que me envolvían como un capullo. Ahí fue cuando rompió el llanto. El que brota desde las entrañas, el que se desborda en oleajes, el que contiene el grito ahogado.
Y así, en medio de ese instante privado en el que me daba permiso para derrumbarme, tocó la puerta Sophía. Mi niña grande preocupada por su mami que lloraba sola en el baño. Y sin pedir mucho permiso fue ella quien entró y me consoló:
- Es por la tía Erika ¿verdad?
- Si, mi amor. Ella está muy malita.
- Tranquila mami, hay que concentrarse en lo bueno, ella va a estar bien.
- Tienes razón, mi vida, pero ella no va a mejorar.  La enfermedad que tiene no se cura.
- ¿No se cura? ¿No tiene antídoto?
- No mi vida. Y su cuerpo está muy malito. Está cansado.
- Tranquila mami. Aunque le pase algo, ella va a estar bien.

Así crece mi niña grande. Así crece y es ella quien me da las lecciones de vida en los momentos más difíciles.