"¡Llegaste a tiempo!" me dijo Sophía hoy cuando llegué a las 4:30 pm. "¿Llegué a tiempo para qué?". "¡Hay Sol!"
Claro, yo tenía tres días llegando de noche.
Un espacio para compartir las genialidades y ocurrencias de mis princesas.
miércoles, 21 de enero de 2009
domingo, 16 de noviembre de 2008
Sophía y sus paseos en la terraza
Con cada buen día las niñas salen a la terraza del edifico a recibir el sol y aire fresco, observar pájaros, plantas, insectos y toda la variedad de novedades que un bebé que abre sus ojos a la vida pueda ver...
En una oportunidad, Sophía vio una de las ventanas del edificio comenzó a llamarme y decirme "Cuadrado, cuadrados, otro cuadrado, muchos cuadrados". Era una ventana distinta a las demás con una reja cuadriculada y vidrios cuadrados. A penas tendría 20 meses y los únicos cuadrados que había identificado eran los de sus juegos de formas y figuras.
Otro día, con mi mamá, observaba el cielo y las nubes que en ese momento pasaban rápidamente. Sophi, genuinamente preocupada, le dijo a mi mamá "Se mueve, chao" mientras señalaba el edificio.
Hace poco, y como historia más reciente, Sophi llegó a la terraza y observando el cielo exclamó "Qué lindo el cielo", mi mamá le siguió la conversación diciéndole que las nubes también eran lindas y hablaron de las nubes blancas y las grises. Mi mamá muy "docentemente" le explicó que las nubes más grises tenían mucha agua que después caía como lluvia (su primera clase de meteorología). Sophi, fascinada con todo y más allá de lo científico dijo "Qué lindas, bájamelas".
En una oportunidad, Sophía vio una de las ventanas del edificio comenzó a llamarme y decirme "Cuadrado, cuadrados, otro cuadrado, muchos cuadrados". Era una ventana distinta a las demás con una reja cuadriculada y vidrios cuadrados. A penas tendría 20 meses y los únicos cuadrados que había identificado eran los de sus juegos de formas y figuras.
Otro día, con mi mamá, observaba el cielo y las nubes que en ese momento pasaban rápidamente. Sophi, genuinamente preocupada, le dijo a mi mamá "Se mueve, chao" mientras señalaba el edificio.
Hace poco, y como historia más reciente, Sophi llegó a la terraza y observando el cielo exclamó "Qué lindo el cielo", mi mamá le siguió la conversación diciéndole que las nubes también eran lindas y hablaron de las nubes blancas y las grises. Mi mamá muy "docentemente" le explicó que las nubes más grises tenían mucha agua que después caía como lluvia (su primera clase de meteorología). Sophi, fascinada con todo y más allá de lo científico dijo "Qué lindas, bájamelas".
domingo, 2 de noviembre de 2008
El nacimiento de Lucía
Veníamos de pasar unas tortuosas semanas: había estado hospitalizada por dengue hemorrágico la primera semana de enero, luego Roberto se enfermó con lechina y tuvo que aislarse de nosotras; en ese iterín yo ya estaba en la fase final del embarazo y esperando los dolores de parto en cualquier momento.
Ocurrió así, días antes de Carnaval, el jueves 31 de enero, a eso de las 10 pm noté que sentía una sensación incómoda que se hacía recurrente. Aunque no dolía comenzaba a tener cierta frecuencia. Le avisé al doctor Maneiro y acordamos esperar un rato más hasta tener una frecuencia específica. Puse sobre-aviso a mi prima Erika y comencé a preparar la maleta que todavía no había arreglado evadiendo la posibilidad de dar a luz sin la compañía de Roberto.
Pasadas las 11 pm ya había llegado a la frecuencia que me había indicado Maneiro y le avisé. Para no hacer el cuento más largo, acordamos encontrarnos en la clínica. Llamé a Erika y me armé de valor para avisarle al Gordo.
Mi mamá me estaba acompañando en casa ayudándome con Sophía. Aunque ambas nos mostrábamos bastante serenas, yo ya estaba con dolores fuertes que me hacían difícil caminar y ella comenzaba a estar nerviosa. Cuando Erika llegó y yo estaba lista para aprovechar una calma entre contracciones, tuve que esperar que mi mamá fuera al baño por el malestar estomacal que había somatizado. Para este momento, Roberto caminaba por las paredes mientras arañaba el techo de la casa de mi suegra.
Por fin en el carro, Erika Fittipaldi recorrió los 3 Km de subidas y bajadas de curvas entre mi casa y la clínica en menos de 5 min. La emergencia estaba en remodelación por lo que tuve que ingresar por la puerta principal a unos 8 escalones de donde estaba el carro. Mientras buscaban la silla de ruedas yo me animaba a esperar la contracción para tomar aire y subir por mi cuenta sin esperar enfermeros ni nada.
La emergencia queda en el sótano de la clínica, al llegar salté todos los procedimientos de papeleo para que me atendieran sin mayor retraso. Mi intuición me decía que no había mucho que esperar. Una indicación médica era la más importante y la que no dejaba de repetir: "Que nadie me esté jurungando ni me den ningún medicamento". Debía esperar a Maneiro. En el cuarto al que me trasladaron, con mucha paciencia me preguntaban los datos, me pedían mis huellas, conversaban sobre superficialidades y yo gritaba, gritaba y gritaba. Ya Maneiro había llegado y trataba de poner orden en el desorden de personal que iba y venía, yo todavía estaba en la silla vestida y sin poder siquiera levantarme para quitarme los pantalones.
Le lloré a Maneiro que no podía sola, me ayudaron a cambiarme, a subirme a la camilla y ya yo sentía las fuertes ganas de pujar. Maneiro decidió subirme inmediatamente al quirófano.
No había tenido chance ni de quitarse la chaqueta cuando le avisé que ya sentía la cabeza, al examinarme lanzó todo lo que cargaba a un lado pidió unos guantes y avisó "Paciente en expulsión".
"Puja" y sentí la cabeza pasar. "Puja" y sentí salir otro tanto. "Puja" sentí que Lucía terminaba de nacer. La vi despertar a la vida cubierta de sustancias que sólo los médicos saben que son. La escuché llorar y abrir los ojos a mi lado. La arroparon y colocaron en la camilla que se supone me iba a subir al quirófano. Fotografié mentalmente al doctor que se llevaba a mi hija y lo amenacé a mi estilo para garantizar que Luci estaría bien cuidada.
Mientras, Érika corría entre el sótano y PB buscando la señal de celular con la maleta y las carteras a cuestas. Al preguntar por mí le informaron que a la bebé ya la habían subido. Mi prima dejó atrás todo el papeleo para buscar el cuartico en que yo permanecía saliendo del efecto de la adrenalina. "¡Es mi prima, déjenla pasar!" y así de lejos, nos hicimos comadres en una carrera que a penas nos dió tiempo de darnos cuenta de lo que había pasado.
Busqué un reloj en la sala y no vi ninguno. Como en un documental venezolano bastante conocido, comencé a buscar relojes pulsera de alguno del personal, nadie tenía reloj. Imploré que alguien me dijera la hora.
Lucía Alejandra nació a la 1:20 am, un viernes 1° de febrero de 2008.
Ocurrió así, días antes de Carnaval, el jueves 31 de enero, a eso de las 10 pm noté que sentía una sensación incómoda que se hacía recurrente. Aunque no dolía comenzaba a tener cierta frecuencia. Le avisé al doctor Maneiro y acordamos esperar un rato más hasta tener una frecuencia específica. Puse sobre-aviso a mi prima Erika y comencé a preparar la maleta que todavía no había arreglado evadiendo la posibilidad de dar a luz sin la compañía de Roberto.
Pasadas las 11 pm ya había llegado a la frecuencia que me había indicado Maneiro y le avisé. Para no hacer el cuento más largo, acordamos encontrarnos en la clínica. Llamé a Erika y me armé de valor para avisarle al Gordo.
Mi mamá me estaba acompañando en casa ayudándome con Sophía. Aunque ambas nos mostrábamos bastante serenas, yo ya estaba con dolores fuertes que me hacían difícil caminar y ella comenzaba a estar nerviosa. Cuando Erika llegó y yo estaba lista para aprovechar una calma entre contracciones, tuve que esperar que mi mamá fuera al baño por el malestar estomacal que había somatizado. Para este momento, Roberto caminaba por las paredes mientras arañaba el techo de la casa de mi suegra.
Por fin en el carro, Erika Fittipaldi recorrió los 3 Km de subidas y bajadas de curvas entre mi casa y la clínica en menos de 5 min. La emergencia estaba en remodelación por lo que tuve que ingresar por la puerta principal a unos 8 escalones de donde estaba el carro. Mientras buscaban la silla de ruedas yo me animaba a esperar la contracción para tomar aire y subir por mi cuenta sin esperar enfermeros ni nada.
La emergencia queda en el sótano de la clínica, al llegar salté todos los procedimientos de papeleo para que me atendieran sin mayor retraso. Mi intuición me decía que no había mucho que esperar. Una indicación médica era la más importante y la que no dejaba de repetir: "Que nadie me esté jurungando ni me den ningún medicamento". Debía esperar a Maneiro. En el cuarto al que me trasladaron, con mucha paciencia me preguntaban los datos, me pedían mis huellas, conversaban sobre superficialidades y yo gritaba, gritaba y gritaba. Ya Maneiro había llegado y trataba de poner orden en el desorden de personal que iba y venía, yo todavía estaba en la silla vestida y sin poder siquiera levantarme para quitarme los pantalones.
Le lloré a Maneiro que no podía sola, me ayudaron a cambiarme, a subirme a la camilla y ya yo sentía las fuertes ganas de pujar. Maneiro decidió subirme inmediatamente al quirófano.
No había tenido chance ni de quitarse la chaqueta cuando le avisé que ya sentía la cabeza, al examinarme lanzó todo lo que cargaba a un lado pidió unos guantes y avisó "Paciente en expulsión".
"Puja" y sentí la cabeza pasar. "Puja" y sentí salir otro tanto. "Puja" sentí que Lucía terminaba de nacer. La vi despertar a la vida cubierta de sustancias que sólo los médicos saben que son. La escuché llorar y abrir los ojos a mi lado. La arroparon y colocaron en la camilla que se supone me iba a subir al quirófano. Fotografié mentalmente al doctor que se llevaba a mi hija y lo amenacé a mi estilo para garantizar que Luci estaría bien cuidada.
Mientras, Érika corría entre el sótano y PB buscando la señal de celular con la maleta y las carteras a cuestas. Al preguntar por mí le informaron que a la bebé ya la habían subido. Mi prima dejó atrás todo el papeleo para buscar el cuartico en que yo permanecía saliendo del efecto de la adrenalina. "¡Es mi prima, déjenla pasar!" y así de lejos, nos hicimos comadres en una carrera que a penas nos dió tiempo de darnos cuenta de lo que había pasado.
Busqué un reloj en la sala y no vi ninguno. Como en un documental venezolano bastante conocido, comencé a buscar relojes pulsera de alguno del personal, nadie tenía reloj. Imploré que alguien me dijera la hora.
Lucía Alejandra nació a la 1:20 am, un viernes 1° de febrero de 2008.
El nacimiento de Sophía
Ya era noviembre y ya estaba todo listo para que Sophía naciera. Mi cuerpo estaba listo, las cosas en casa estaban listas, nosotros estábamos listos; Sophi no, ella estaba quizás bastante cómoda como para plantearse salir, era un asunto de timbres y picaportes.
El jueves 16 ingresamos a la clínica, una pastilla ayudaría a desencadenar todo el proceso, a las 11 pm comenzaría todo...
Un doctor, antipático, se encargó de verificar el avance. Trasladarme al quirófano sería lo siguiente. En una sala pre-operatoria, con todo el personal disponible para mí solita, "me prepararon" y tal como a una rana en la mesa de algún laboratorio de biología, inyectaron en mi columna la anestesia que evitaría que sintiera lo que vendría a continuación, un corrientazo y un salto de mi pierna verificaron el ingreso de la aguja, luego, quedaría esperar.
El jueves 16 ingresamos a la clínica, una pastilla ayudaría a desencadenar todo el proceso, a las 11 pm comenzaría todo...
Un doctor, antipático, se encargó de verificar el avance. Trasladarme al quirófano sería lo siguiente. En una sala pre-operatoria, con todo el personal disponible para mí solita, "me prepararon" y tal como a una rana en la mesa de algún laboratorio de biología, inyectaron en mi columna la anestesia que evitaría que sintiera lo que vendría a continuación, un corrientazo y un salto de mi pierna verificaron el ingreso de la aguja, luego, quedaría esperar.
A las 4:00 am me despertaría un dolor extraño, intenso, al avisar comenzaría todo un ir y venir de batas y equipos, como a una ballena me trasladarían hasta el quirófano donde me mantendrían amarrada como a un paciente psiquiátrico con correas en brazos y piernas.
Tantos eufemismos para nombrar todo este camino. Ajena al dolor, al control de mis movimientos, era verdaderamente difícil para mí saber lo que estaba pasando debajo de mi cintura. "Puja" me decían. Un corte para ampliar el espacio y evitar el desgarre y luego, por fin, la salida de Sophi, sin llanto, sin violines sonando de fondo, sin cámara lenta... Lo único claro era el latido de mi corazón ansiando algún ruido proveniente de ese cúmulo de carne y cabello que todavía no se movía. Muchos movimientos rápidos y por fin, el llanto. De ahí en adelanto todo era indiferente. Sophía había nacido sana a las 5:00 am del 17 de noviembre de 2006.
sábado, 1 de noviembre de 2008
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