Veníamos de pasar unas tortuosas semanas: había estado hospitalizada por dengue hemorrágico la primera semana de enero, luego Roberto se enfermó con lechina y tuvo que aislarse de nosotras; en ese iterín yo ya estaba en la fase final del embarazo y esperando los dolores de parto en cualquier momento.
Ocurrió así, días antes de Carnaval, el jueves 31 de enero, a eso de las 10 pm noté que sentía una sensación incómoda que se hacía recurrente. Aunque no dolía comenzaba a tener cierta frecuencia. Le avisé al doctor Maneiro y acordamos esperar un rato más hasta tener una frecuencia específica. Puse sobre-aviso a mi prima Erika y comencé a preparar la maleta que todavía no había arreglado evadiendo la posibilidad de dar a luz sin la compañía de Roberto.
Pasadas las 11 pm ya había llegado a la frecuencia que me había indicado Maneiro y le avisé. Para no hacer el cuento más largo, acordamos encontrarnos en la clínica. Llamé a Erika y me armé de valor para avisarle al Gordo.
Mi mamá me estaba acompañando en casa ayudándome con Sophía. Aunque ambas nos mostrábamos bastante serenas, yo ya estaba con dolores fuertes que me hacían difícil caminar y ella comenzaba a estar nerviosa. Cuando Erika llegó y yo estaba lista para aprovechar una calma entre contracciones, tuve que esperar que mi mamá fuera al baño por el malestar estomacal que había somatizado. Para este momento, Roberto caminaba por las paredes mientras arañaba el techo de la casa de mi suegra.
Por fin en el carro, Erika Fittipaldi recorrió los 3 Km de subidas y bajadas de curvas entre mi casa y la clínica en menos de 5 min. La emergencia estaba en remodelación por lo que tuve que ingresar por la puerta principal a unos 8 escalones de donde estaba el carro. Mientras buscaban la silla de ruedas yo me animaba a esperar la contracción para tomar aire y subir por mi cuenta sin esperar enfermeros ni nada.
La emergencia queda en el sótano de la clínica, al llegar salté todos los procedimientos de papeleo para que me atendieran sin mayor retraso. Mi intuición me decía que no había mucho que esperar. Una indicación médica era la más importante y la que no dejaba de repetir: "Que nadie me esté jurungando ni me den ningún medicamento". Debía esperar a Maneiro. En el cuarto al que me trasladaron, con mucha paciencia me preguntaban los datos, me pedían mis huellas, conversaban sobre superficialidades y yo gritaba, gritaba y gritaba. Ya Maneiro había llegado y trataba de poner orden en el desorden de personal que iba y venía, yo todavía estaba en la silla vestida y sin poder siquiera levantarme para quitarme los pantalones.
Le lloré a Maneiro que no podía sola, me ayudaron a cambiarme, a subirme a la camilla y ya yo sentía las fuertes ganas de pujar. Maneiro decidió subirme inmediatamente al quirófano.
No había tenido chance ni de quitarse la chaqueta cuando le avisé que ya sentía la cabeza, al examinarme lanzó todo lo que cargaba a un lado pidió unos guantes y avisó "Paciente en expulsión".
"Puja" y sentí la cabeza pasar. "Puja" y sentí salir otro tanto. "Puja" sentí que Lucía terminaba de nacer. La vi despertar a la vida cubierta de sustancias que sólo los médicos saben que son. La escuché llorar y abrir los ojos a mi lado. La arroparon y colocaron en la camilla que se supone me iba a subir al quirófano. Fotografié mentalmente al doctor que se llevaba a mi hija y lo amenacé a mi estilo para garantizar que Luci estaría bien cuidada.
Mientras, Érika corría entre el sótano y PB buscando la señal de celular con la maleta y las carteras a cuestas. Al preguntar por mí le informaron que a la bebé ya la habían subido. Mi prima dejó atrás todo el papeleo para buscar el cuartico en que yo permanecía saliendo del efecto de la adrenalina. "¡Es mi prima, déjenla pasar!" y así de lejos, nos hicimos comadres en una carrera que a penas nos dió tiempo de darnos cuenta de lo que había pasado.
Busqué un reloj en la sala y no vi ninguno. Como en un documental venezolano bastante conocido, comencé a buscar relojes pulsera de alguno del personal, nadie tenía reloj. Imploré que alguien me dijera la hora.
Lucía Alejandra nació a la 1:20 am, un viernes 1° de febrero de 2008.