lunes, 5 de abril de 2010

Sophía y la LOPNA

A penas Sophi estaba comenzando a hablar con fluidez, ya no eran esas torpes palabras que adivinaban oraciones, y ya estaba dando de qué hablar.
Sophi ha asumido la igualdad de géneros desde pequeña y nos lo ha dejado claro en varias ocasiones, la primera fue hace poco más de un año cuando, conversando con su abuela Yeya (mi mamá), definían que habían acciones que no realizaban sino los adultos, como por ejemplo, uno de los primeros mandamientos claros de convivencia en la casa: Los niños no deben estar solos en la cocina.
Es de esperarse que informarle esto a Sophi no generó ningún conflicto... efectivamente, los niños no deben estar solos en la cocina ergo "pero las niñas sí" (como afirmó Sophi en su momento).
Es fácil deducir que con el tiempo esta claridad en cuanto a las cuestiones de género fue profundizándose encontrándonos en varias ocasiones corrigiendo las frases "los niños tal cosa" con "los niños y las niñas tal cosa" y debo aclarar que Sophi no ha sido bombardeada por campañas informativas de la Ley Orgánica de Protección del Niño, Niña y Adolescente (LOPNA), ni ha presenciado enérgicos debates al respecto... Para nada. Ella ya viene con ese chip.
Lo cierto es que esta claridad de género se ha extendido en las últimas semanas hacia los Derechos Humanos per se. Hace poco mientras conversábamos sobre cosas que hacen los adultos y los niños no deben/pueden hacer, de alguna manera se coló el concepto de persona. Como pasa con todos los chamos ya Sophi con sus tres años y cuatro meses sabe utilizar perfectamente expresiones como "coño de la madre", "esa vaina" y "qué bolas", fue sencillo explicarle que esas palabras son groserías y que no las deben decir los niños (y niñas), que ella podría decir groserías el día que aprendiera a manejar... ¡Venga! ¡Que esta vuelta merece al menos una oreja!
Con el tema de "ser persona", confieso me tomó por sorpresa pero confieso también que no tuve que darme mala vida, ella solita se pagó y se dio el vuelto: Estábamos en una fuente de soda esperando nos trajeran la carta y la mesonera nos trajo sólo una y me la entregó a mí, claro, perfecto razonamiento por parte de la amiga: la mamá es la que sabe leer... En cuestión de segundos Sophía, indignada, y dirigiéndose directamente a la gentil trabajadora, intimidándola con la mirada y sin ninguna duda en su cuestionamiento dijo: "¿Y a mí? ¡Yo también soy persona!"
Debo acotar que la expresión de la amable amiga fue digna de un homenaje a Pele, una hermosa alegoría a los pies tumbados y al incisivo ¡PLOP! de cierre.

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