viernes, 1 de febrero de 2013

Luci y el maquillaje

Es un hecho, no soy precisamente el estereotipo de mujer que se maquilla diariamente. No uso base, ni sombra, mi mascara, ni labial. Nada. En alguna ocasión especial uso algún polvo para evitar el brillo, alguna sombra discreta y un labial de tono claro. Mis hijas, por supuesto, al carecer de esta referencia en casa, han desarrollado una fascinación con el tema que, confieso, me abruma. Especialmente Luci, le encanta utilizar su rostro como un lienzo, especialmente si la obra es de Miró o de cualquier artista abstracto, incluidas sus compañeritas de salón.
Al menos tres veces a la semana Lucía regresa a la casa maquillada con tonos ochentosos de algún estuche viejo de alguna madre que resolvió ceder ante la solicitud de su hija. Insisto en que no es maquillaje de juguete, de tonos pasteles, a penas perceptible, NO, es maquillaje real, pasado de moda, con tonos exagerados en el blanco, blanquísimo rostro de mi hija.
Un día al llegar al colegio, una de las muchachas que trabaja en la tarde me lo informó: "No te asustes cuando veas a tu hija". Ante una frase así combinada con la serenidad y la sonrisa con la que me lo decía, no sabía como reaccionar. "La que me está asustando eres tú" le contesté. Me explicaron que las niñas no tuvieron acceso a maquillaje y lo solventaron con marcadores. Yo respiré pensando que seguramente serían los típicos marcadores lavables que usan los chamos, nada grave... No, no eran marcadores lavables, eran marcadores fosforecentes, de los que se usan como resaltadores. A mi hija la maquilló una amiguita con un resaltador color fucsia... Ojos, mejillas y labios. Me consolaron diciéndome: "Tranquila, no es tan grave, tienes que ver como quedó la otra. Con ella usaron el resaltador verde".

viernes, 18 de enero de 2013

Despidiendo a la abuela Lulú

Mi abuela falleció en marzo de 2011. La familia siempre se refirió a mí como La Nieta de Lulú por el vínculo tan fuerte que teníamos, mis princesas fueron la continuación de ese amor y siempre recibieron de parte de ella muchísimo amor expresado en regalitos, detallitos y toneladas de cariño.
Luego de fallecer mi abuela, era imposible disimular el dolor por el que estaba pasando, además de las ausencias de casa durante esos días. La angustia fue mayor al no saber cómo manejar la situación con las niñas siendo ellas tan pequeñas todavía (Sophi tenía 4 años y Luci acababa de cumplir 3).
La intuición fue hablar de manera franca con ellas, sin entrar en muchos detalles:
Estaba sola en casa con Sophía y aproveché para darnos un baño juntas, el momento era adecuado, mientras nos bañamos hablamos sobre lo triste que yo había estado esos días y que quería contarle lo que había pasado. Le explique que la abuelita Lulú ya no estaba con nosotros, que se había ido y que no regresaría más. Sophi pensó que era un viaje a otro país. Le expliqué que no, que en este tipo de viajes no se regresaba más nunca. Me pidió que le explicara dónde estaba y le dije que había muerto, que en la muerte el cuerpo dejaba de funcionar así que los sentimientos salían libres para acompañarnos a quienes la queríamos. Insistió en saber donde estaba su cuerpo y qué pasaría con él. Le expliqué que como su cuerpo ya no funcionaba lo íbamos a convertir en ceniza para que se mezclara con el mar. ¿Cómo? Con fuego, hay un lugar con máquinas especiales para eso.
Sophi hizo un gran silencio y comenzó a llorar, me dijo que la iba a extrañar mucho y que la quería. Nos abrazamos fuerte y largo y cambiamos el tema.
Más tarde nos reunimos con mi esposo y Lucía, al subir al carro Sophi tomó la iniciativa:
S: Luci, tengo que contarte algo, no quiero que te preocupes, no es malo.
L: Dime Sophi.
S: Luci, la abuelita Lulú se murió.
L: ¿Se murió?
S: Sí, se murió, pero ella está con nosotros con sus sentimientos, lo que van a convertir en ceniza es el cuerpo.
L: ¿Y qué van a hacer con la ceniza?
S: La van a tirar al mar. La vamos a extrañar mucho.
L: Yo quiero mucho a la abuela Lulú.
Y se abrazaron.

lunes, 31 de octubre de 2011

¡Mientras exista la magia!

Sophi:
Mami ¿Los unicornios son de verdad?
Yo:
Son de fantasía, cariño.
Sophi:
¿Y los que tienen alas, cómo se llaman?
Yo:
Pegasos
Sophi:
Ajá, eso. ¿Son de verdad?
Yo:
También son de fantasía
Sophi:
Entonces San Nicolás y el Ratón Pérez ¿existen?
Yo:
Eeehhhhh... (Gulp!)
Sophi:
¡Claro que existen! ¡Mientras exista la magia! ¿Verdad mamá? ¡Como las hadas!
Yo:
Sí, mi vida... ¡Mientras exista la magia!

martes, 4 de octubre de 2011

Ideas geniales


Mis princesas siempre se han caracterizado por no amilanarse ante los problemas. Según el diccionario, un problema es una cuestión que se intenta aclarar o resolver. Para ellas, simplemente no es un asunto de intentos, los problemas ya vienen resueltos.

Problema 1.- Clima predominantemente lluvioso

A mediados de septiembre el clima caraqueño fue tormentoso. Muchos días grises, nubes densas, oscuras. No podía faltar que Lucía tuviera un comentario al respecto; un día, camino a casa me dice desde el asiento de atrás:

Luci: Mami, tengo una idea

Yo: ¿Sí? ¿Qué será?

Luci: Es una muy buena idea para que se vayan las nubes grises.

Yo: ¿En serio? ¿Cómo vas a hacer para que se vayan las nubes grises?

Luci: Con los bomberos.

Yo: ¡¿Cómo?! ¿Con los bomberos? ¿Cómo es eso?

Luci: Claro. Ellos pueden secar las nubes con una secadora grandotota en su escalera. Y así se van las nubes grises.

Yo: Sería genial que pudieran hacerlo. Es una muy buena idea, Luci.

Problema 2.- El robo de vehículos

Por supuesto que Sophi no se queda atrás en cuanto a inventiva y a creatividad. Hace unos días me contaba que a la tía Mari, “unos locos” le habían quitado el carro y después se lo devolvieron (efectivamente le robaron el carro y luego lo ubicaron gracias al GPS). Sophi me decía que ella tenía una gran idea para que no le volvieran a quitar su carro:

Sophi: ¡Un imán grandotote!

Yo: ¿En serio Sophi? ¿Un imán?

Sophi: Claro. El imán grandotote se pega al carro.

Yo: Ajá, y se va con el carro también.

Sophi: Nooooooo. Porque vamos a agarrar el imán con algo MUY pegajoso.

Yo: Excelente idea, mi amor.

Seguiremos informando en lo que tengamos listos los prototipos.

martes, 20 de septiembre de 2011

Mutis por el foro


A medida que avanza la primera semana de clases, mis chiquitas y yo vamos ajustando horarios y rutina para asegurar llegar al cole sin ajetreos y tranquilas. Tan bien lo hicimos hoy que llegamos antes de que abrieran los salones, me pareció que podríamos esperar comiendo el desayuno en alguno de los bancos del patio, bajo el hermosísimo samán que lo custodia.

Mientras Sophi reflexionaba sobre la necesidad de traer al colegio sus lentes de sol porque estaba encandilada, Luci dejaba a disposición de las hormigas su sándwich mientras se iba a jugar con una pelota olvidada en el patio “con los pies para no ensuciarme las manos”.

Cuando por fin desistí de la idea del desayuno y asumí que era mejor que lo hicieran en el salón junto con sus compañeros, nos fuimos al parquecito de preescolar a que Lucía tomara el agua que desde hacía tres largos y eternos minutos me estaba pidiendo.

Por supuesto que la deshidratación de la peque no era tal, la novedad de ese singular aparato que suelta agua hacia arriba era la atracción. De esta manera me encontré explicando: “Con una mano aprietas el botón, te acercas con cuidado, sin pegar la boca, y con la otra mano sujetas tu cabello para que no se moje” ¡Qué va! Eso le quitaba diversión al asunto, había que apretar los botones, mojarse hasta las orejas y seguir contemplativa esa mini fuente interminable de agua.

“Luci, no malgastes el agua, por favor” dije maternal y ecológicamente.

A lo que con una dulzura indescriptible, una leve inclinación de la cabeza y el agua chorreando por la barbilla me dijo “Mamá, ¿por qué no te has ido?”

Mutis por el foro…

lunes, 19 de septiembre de 2011

Nuevo cole... 1er día de clases

Comienza el nuevo año escolar y mis hijas lo hacen en un nuevo colegio. Nueva metodología de enseñanza, un ambiente menos alienado y con la maravillosa oportunidad de crecer con sus compañeros y estudiar toda su infancia y adolescencia ahí. Muchas expectativas.
Luego de varias semanas de preparativos, compras de útiles, uniformes, forrar cuadernos, cajas, identificar objetos y vestimenta minuciosamente; por fin, llega el lunes. Con las lagañas todavía pegadas a los ojos nos levantamos una a una tratando de comenzar la nueva rutina. Ahí vamos.

Por fin llegamos y caigo en cuenta que no se trata de dejarlas en la puerta del colegio nada más. En la maleta llevo dos bolsas, cada una del tamaño de mis hijas, dos colchonetas dobladas, dos morrales y dos loncheras. En el asiento de atrás van dos niñas, cada una con iniciativa propia. Lo cierto es que decido dejar el carro en el estacionamiento pago que está al cruzar la calle y al bajarnos del carro comienzo a organizarme para poder, con mis dos brazos llevar las dos bolsas y dos colchonetas dejando las manos libres para llevar a las dos niñas con sus dos morrales y dos loncheras…

Por supuesto que las niñas están concentradas en comprender la última indicación recibida: “Quédense ahí y no se muevan que estamos en un estacionamiento y no todas las personas con carro andan pendiente de los niños”. En eso pasa el encargado del estacionamiento, a quien Sophía saluda sin mayor inconveniente (era de esperarse).

Sophi: “¡Buenos días, señor! Hoy es mi primer día de clases en mi colegio nuevo”.

[No podían faltar los detalles, claro.]

A lo que enseguida agrega y cito textualmente: “Señor, usted sería tan amable de ayudar a mi madre con las bolsas, por favor”.

[PLOP] = [Esa fui yo, claro]

El amable señor y yo intercambiamos miradas y nuevamente vemos a Sophía. El señor sólo dijo: “¿Cómo no?” Y en seguida me alivió de las bolsas y nos acompañó poco más de 50 m hasta la entrada del colegio.

En algún lugar de Caracas hay un empleado de un estacionamiento contándole a su familia de la persuasiva niña de cuatro años que lo dejó sin alternativas y le consiguió ayuda a su mamá sin mayor inconveniente.

El corolario de este día fue Luci, por supuesto; su maestra me cuenta que en la tarde cuando se organizaron para la siesta, ella afirmó que no iba a dormir porque no tenía sueño y decidió sentarse en su colchoneta a esperar. Cuando se dio cuenta que todos sus compañeritos se habían dormido le dijo a la maestra “Está bien, voy a tener que dormir, pero sólo un poquito” y a penas puso la cabeza en la almohada cayó rendida.

domingo, 6 de marzo de 2011

Luci y los nombres propios

Ya Luci cumplió los tres años y pocas semanas después su maestra me comenta que no se sabe el nombre de su papá.
"¿Cuál es el nombre del papá de Lucía?"
"Roberto", le digo "pero siempre le decimos Gordo"
"Es que Luci, cada vez que le preguntamos el nombre de su papá nos dice 'Gordo celular'"
Claro, el manos libre de mi carro suele repetir el comando de voz acompañado del teléfono predeterminado que va a marcar. En el caso de las llamadas a Roberto el comando es Gordo y el número predeterminado es el celular.